El etiquetado nutricional es la herramienta a través de la cual los consumidores podemos saber los valores nutricionales de un producto.

¿Cómo leemos el etiquetado nutricional?

Etiqueta nutricional

Lo primero que debemos hacer, antes de mirar los datos que aparecen en el etiquetado, es saber la cantidad en la que se basan dichos datos. La porción que aparece en el etiquetado se trata de la cantidad que se recomienda consumir de ese alimento, las más comunes y las que más vamos a ver son 25 g y 100 g.

Calorías

El primer dato que vamos a encontrar son las calorías. Las calorías son el valor energético que nos aporta la porción indicada de ese producto. La mayoría de los consumidores se centran mucho en este dato ya que consideran que si un producto lleva más o menos calorías es indicativo de que un producto es más o menos sano. Debemos saber que este dato solo indica el valor energético del producto, por lo tanto, dependerá de los siguientes factores que aparecen en el etiquetado el saber qué tipo de nutrientes aportan dichas calorías. Dependiendo de esto podremos determinar si se trata de un producto más o menos sano.

Grasas

En este apartado debemos diferenciar entre cuatro tipos de grasas: las saturadas, las poliinsaturadas, las monoinsaturadas y las grasas trans. Mientras que las grasas poliinsaturadas y monoinsaturadas son necesarias para el buen funcionamiento de nuestro organismo ya que nos aportan nutrientes que no somos capaces de generar como el Omega 3, el consumo de grasas saturadas y trans es poco recomendado ya que aumenta nuestro colesterol. Si queréis saber más sobre los tipos de grasa os recomendamos el artículo realizado por la Fundación Española del corazón. Lo ideal es buscar productos que contengan un bajo índice de grasa (menos de 5 g de grasa en 100 g) o índice moderado (entre 5-20 g cada 100 g). Dentro de este parámetro debemos fijarnos que las grasas saturadas y trans no superen el 1,5 g.

Hidratos de carbono

En el caso de los hidratos de carbono debemos fijarnos en la cantidad de azúcar que contiene el producto. Lo ideal sería que el producto no tuviera más de 2 g de azúcar cada 100 g, no alcanzando nunca los 10 g por cada 100 g, ya que se trataría de un producto con un contenido muy alto en azúcares y poco recomendable. En muchos casos encontraremos dentro de los hidratos de carbono un elemento llamado polialcoholes, se trata de un sustituto del azúcar. Aunque es considerado una alternativa “más saludable” que el azúcar, no se recomienda consumir en exceso.

Fibra alimentaria

Según la Fundación Española del corazón, la fibra alimentaria es muy importante ya que nos ayuda a regular nuestro tránsito intestinal, tiene poder saciante, mejora la composición bacteriana y nos ayuda a absorber vitaminas y minerales. Existen dos tipos: Solubles, presentes en legumbres, frutos secos, frutas y verduras y la fibra insoluble, que se encuentra en el trigo, cereales integrales, legumbres y maíz. Se recomienda un consumo de 25-30 g al día.

Proteína

En cuanto a la proteína, esta puede ser de origen animal o de origen vegetal. La Asociación Alemana de Nutrición (DGE) y otros expertos recomiendan una ingesta de 0,8 g por cada kg de peso corporal, por lo tanto, dependerá de la persona en cuestión.

Sal

Por último, la sal. También denominado cloruro de sodio. La OMS recomienda una ingesta de 5 g al día, la mitad de la cantidad consumida actualmente. Para no sobrepasar estos valores el producto no deberá contener más de 0,12 g de sal cada 100 g.

En muchas ocasiones y dependiendo del producto podemos encontrar otros valores en el etiquetado como el sodio, el calcio o el potasio. También podemos encontrar al lado de los nutrientes el porcentaje de  VD % (valor diario), es decir, el porcentaje diario que se recomienda consumir de un nutriente en concreto basándose en el consumo total recomendado.

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